:: Pregoneros ::

  Buenos días. Voy a contaros alguna que otra historia y a cantaros unas cuantas coplillas.

 

El carnaval es como una crónica de la memoria colectiva, es el periódico de la vida cotidiana. Sus canciones año tras años, van recogiendo las cosas que pasan, el pulso de los pueblos, sus personajes, sus esperanzas, los sueños que no se cumplen, la belleza de lo que amamos, la miseria de lo que odiamos. Y no quedaría nada de eso si el carnaval no hubiera ido guardando lo importante de cada momento, para dejarlo en el recuerdo de muchos barreños que tienen buena memoria o que se lo pasaron a sus hijos para que hoy lo descubramos todos.

 

El siglo XX empezó casi despertándose tarde a la modernidad. Porque nuestro pueblo aún estaba sumido en la miseria del caciquismo y de la pobreza de un campo que no daba para mucho. Y en esta situación se debía encontrar cuando en 1910 el cometa Haley visitó nuestro cielo por primera vez en este siglo y la huella de su cola, misteriosa y entonces temible, quedó marcada así en este tanguillo, recogido en Palmones:

 

   “Cuando la estrella de rabo/ ustedes señores la recordarán/ que decían toda la gente/ que si este mundo ya se iba a acabar./ Yo tenía una vecinita,/ por cierto mocita/ no es casualidad:/ “Aunque nos lleve el demonio/ esta noche mismo nos vamos a jartá”./ El cometa Yey se nos presentó/ en el mes de junio,/ ¡Sería guasón!/ Dicen que anunciaba espanto y terror/ y lo que estaba anunciando/ era mucha hambre para esta nación./ Mira si sería grande la ruina/ que se nos murieron todas las gallinas./ Que dichoso rabo tenía el cometa,/ que si lo tiene más largo/ bien nos hace la puñeta.”

 

   Ya en los años 20, entre la crisis y el comienzo del despertar político, a través de aquellas conocidas reuniones que se celebraban en algunos bares del pueblo, como la Embarradilla, la Caseta o el Café Grande, llegaron nuevos aires y nuevos adelantos a Los Barrios. Esta copla nos habla de un divertido acontecimiento que ocurrió cuando se construyó la Carretera Nacional-340, entre Algeciras y San Roque; fijaron si hace años…

 

   “Han hecho una carretera entre Algeciras y San Roque/ que da gusto pasearla/ lo mismo andando que en coche./ Pero los pobres caballos, los borricos y los mulos,/ cuando caen dos goteras/ dan un resbalón y se caen de culo./ Los otros días un recovero/ que venía de Alcalá/ le puso al mulo alpargatas,/ porque con las gomas no le pasa ná.”

 

   Pero los tiempos se iban oscureciendo. El pueblo harto de miseria, la opresión y el caciquismo, comenzaba a tomar conciencia. La división entre izquierdas y derechas, entre ricos y pobres, se fue recrudeciendo cada vez más hasta alcanzar los niveles de politización y fanatismo que culminaron con la República y la Guerra Civil. Esta coplilla habla por sí sola. Es del año 36, cuando venció el Frente Popular y la guerra se veía venir:

 

   “El día 13 de abril/ y el 26 de febrero,/ viva el Frente Popular que formaron los obreros./ Al enterarse los carcas de la alianza obrera/ han cogido el petate:/ se marchan pa la frontera./ Paco Castro y Manuel Fuentes,/ en compañía de don Manuel,/ cayeron presos en la cárcel como si fuera un cimbel./ Y Manuel Fuentes decía: “Agarra la barandilla,/ que aquí debía estar el jefe de la pandilla”.

 

   Y detrás de la guerra… los años 40, el hambre. Y el ingenio de un singular coplista nuestro, a cuya memo9ria todavía se le debe un merecido homenaje. Me estoy refiriendo a Curro Batalla. Un día en que estaba trabajando en el campo con su primo “El Nene”, con más hambre que un caracol en un espejo, comieron carne de una vaca muerta y ya veréis lo que pasó:

 

   “El Nene y su primo Curro en la cañá de Verruga/ vieron de pasá un pellejo que era de una res vacuna./ El Nene, como es tan curioso, dejó el trabajo pa preguntar,/ que si la vaca había sido muerta o, por desgracia, embarrancá./ El hombre le contestó, con mucha tranquiliá:/ Podéis comer la carne, wque la vaca ha sío ahogá./ Vivan las buenas noticias, que viva Curro Lobato,/ que fue en busca de la carne igual que los pajarracos,/ para traerle a su primo un buen lote de asaúra/ que la cogió con deseo en la cañá de Verruga./ To el que se comió la carne se le presentó un espanto/ que hubo algunos que perdieron hasta los calzones blancos./ Yo me figuro que aquella carne/ no estaba buena ni natural,/ porque al momento de haberla comío, empezó la vaca a dar cornás./ El Nene, con cara muerto y grandes retorsiones/ le dijo a su primo Curro: “Ya me cagé en los calzones”./ Y Curro muerto de risa, sólo miraba a su primo/ sin saber que sus dolores ya venían de camino./ Y antes de la media hora Curro se tiró al arroyo/ y suspirando decía: “Primo me he buscado el bollo”./ Ya no me como más carne ni de ternera ni vaca/ porque tengo esta barriga como una vieja matraca.”

 

   De Curro Batalla es también este cuplé que habla de unos cuantos personajes muy conocidos en el pueblo, allá por los años 50. Prácticamente le da un repaso al panorama musical de la localidad por aquel entonces:

 

   “Hoy el pueblo de Los Barrios, orgullo del mundo entero,/ por tener buena figura acojo los tres betuneros./ Y hablando de cante jondo tenemos al hijo de Agüera,/ a Corruco, Juan Bocacha, también a Miguel Rueda./ Si hablamos de tocaores, lo digo en pocas palabras,/ tenemos a José Moña, que hace de hablá la guitarra./ El hermano pal laúd, no hay quien le gane en Los Barrios,/ y el padre para vender el cupón  humanitario. La, la, la…”

 

   Es sabido que durante el franquismo se prohibieron los carnavales, aun2ue es difícil que el pueblo obedezca prohibiciones de este tipo. En nuestra localidad lo que hizo fue trasladarse la picaresca y las letras de la fiesta, nada más y nada menos que a los días de Navidad. En esa razón ay que buscar la explicación, creo yo, de que a las rondallas y coros navideños en Los Barrios se les llame comparsas, aunque cada vez menos, porque ya se sabe que estas cosas se van perdiendo. Y esto ha ocurrido hasta hace bien poco, porque yo mismo recuerdo haber pertenecido a la comparsa de Paco la Fernanda, que todas las navidades cantaba canciones como estas:

 

   “Currito la Justa, qué grande eres,/ que toreaba en la puerta el mataero./ Currito la Justa, qué grande eres,/ que aquí en Los Barrios no ha habío mejor torero.”

 

   “Cómo canta la cagancha cuando está en el majoleto,/ fita, fita, fita, cata fi, fi, fi./ Si yo fuera la cagancha allí mismo te la meto./ Fita, fita, fita, cata fi, fi, fi.”

 

   “Ay que son las dos, ay que son las tres,/ dónde va ese pavo con las plumas en pie./ Pégale un chanclazo, malas puñalás le den.”.

 

   Y luego llegó la democracia. Y con ella la vuelta del carnaval. Un carnaval cuyas primeras agrupaciones aún le sacaban canciones al pueblo, a su gracia, a sus gentes sencillas, al acontecer diario con su carga de crítica, humor y exigencia. De todas las canciones de aquella época ya creo que lo más significativo es el estribillo del cuplé de los montes. Ahí va:

 

   “Currito la Justa, El Catano, Fernando el de Poli, Chanani, el Calero,/ Pepe el Cano, “Richi”, el Colilla, María la Biomba, Felipe, el Pavero,/ Ruanillo el Tonto, Paco Rata, Perico Benigno, Potoco, el Abuelo”

 

   “Tanasio, Paco la Fernanda, Amario, Juan el Confitero,/ el Espantarrayo, el Gorila, el Maestro Kiko, María sin Freno,/ y si nos dejamos algunos, ¡qué Dios nos perdone!/ También va por ellos.”

 

   Pero aquel ya era otro carnaval. Porque el nuestro, nuestro verdadero carnaval, yo creo que desgraciadamente ya es historia. Por eso recoger las coplillas carnavalescas antiguas es imprescindible sin aún queremos recuperar ese carnaval auténtico. Después de la prohibición franquista todos los pueblos del Campo de Gibraltar han copiado exactamente los modelos del Carnaval de Cádiz. Y el nuestro tenía su identidad propia. La gente se agrupaba en murgas sin limitaciones ni de instrumentos, ni de voces ni de miembros. Se cantaban coplas que lo único que tenía en común era la chispa, la gracia, la picaresca y el sentido periodístico y crítico de los acontecimientos. Ahora, con el rollo Macabeo de los concursos, todo el mundo pasa por el aro de las cuatro pamplinas que se les ocurren a los jurados de Cádiz, y también todo el mundo escucha, crítica, viste, toca y canta, al son que a estos cuatro gatos se les antoja desde su poltrona de dictadores de la máscara y el pito. Y eso no es así, por eso, desde aquí, ahora mismo, aprovecho esta ocasión para lanzar un grito que reivindique un carnaval más nuestro, más de las calles, que permita de nuevo hacernos sentir, como en tantas otras cosas, auténticamente barreños.

 

   Que os sienten bien las tagarninas. Muchas gracias.

 

Domingo Mariscal.

 

 

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